Ayer, 20 de marzo, se celebró el
Día Internacional de la Felicidad. ¡Qué bien suena eso! Pero… ¿qué es realmente
la felicidad?
A lo largo de siglos y siglos de
historia de la humanidad, las mujeres y hombres han buscado la felicidad como
un destino, como un objetivo que ha sido perseguido sin cuartel a veces,
incluso, a costa de perderla al buscarla. Porque la felicidad no se puede
definir de una forma concreta. Para cada cultura ser feliz significa una cosa
distinta. Cada persona puede percibir la felicidad de un modo totalmente
diferente de otra y, sin embargo, considerarse felices ambas con cosas muy
dispares.
Considero la felicidad como un
camino, no como un destino. Es algo que está en el día a día. Cuántas veces
hemos perdido momentos maravillosos, situaciones llenas de dicha, por seguir
empeñados en buscar esa tan ansiada “gran felicidad”. Y quizá no exista esa felicidad
con mayúsculas. Es preferible ser feliz cada día disfrutando de lo que la vida
nos depara, convirtiendo una sonrisa en algo más que un gesto, aspirando con
fuerza el aire y dejarlo penetrar en nuestro cuerpo, llenándonos de vida.
Ser feliz puede consistir en disfrutar de un
café con un amigo o amiga y sonreír juntos durante un buen rato. La felicidad
está, con toda probabilidad, en la
sonrisa de tu hijo cuando te ve llegar a casa. Está en los colores de la
primavera que ayer empezó y que se nos ofrecen deslumbrantes y casi “explotan”
en nuestros sentidos.
Quizá se encuentre ahí agazapada la felicidad en la mano de tu pareja cuando simplemente paseáis juntos en
silencio, sin decir nada, pero compartiendo todo. O en ese momento de
beneficiosa soledad, en el que “miramos hacia adentro” y aprendemos a
conocernos y a querernos de una manera más grande y mejor.

Pero… ¿podemos ayudarnos a
nosotros mismos a ser más felices? Sin duda alguna. No, no hay fórmulas mágicas
y para cada uno habrá cosas concretas que nos faciliten ese sentirnos bien,
llenos de vida y de alegría y con ganas de seguir adelante, motivados e
ilusionados.
Sin embargo, es cierto que hay
una serie de actitudes y pautas de conducta que nos pueden ayudar a sentirnos
mejor con nosotros mismos y con lo que nos rodea. En definitiva, a ser más
felices.
- Sonríe todos los días tanto como puedas.
- Preocúpate de las cosas en el momento justo; no adelantes acontecimientos que te reporten tristeza.
- Dedica cada día un tiempo para ti y disfrútalo, sin remordimientos ni sentimientos de culpa.
- Abraza a tus amigos y seres queridos cuando te apetezca. Es gratis y muy reconfortante.
- Pide ayuda cuando la necesites. Nadie es autosuficiente, todos necesitamos de todos.
- No te sobrecargues de trabajo. Realiza las tareas de manera secuencial y establece prioridades.
- Aprende a valor el “soy” y usa el “quiero ser” no el “debo ser”. Te quitarás un gran peso de encima.
- Quiérete mucho, pues sólo así querrás a los demás de una forma adecuada.