02 junio 2012

La epilepsia desde la psicología.




¿Qué es la epilepsia?


Como es sabido, la epilepsia es una afección crónica, caracterizada por un exceso de sincronía en las descargas neuronales, aunque en la actualidad también se baraja la posibilidad de que los astrocitos (una célula nerviosa del cerebro con forma estrellada) también formen parte en la etiología de la epilepsia.
Así, existen epilepsias generadas por traumatismos craneoencefálicos, enfermedades infecciosas e incluso, hay personas epilépticas que no presentan ningún trastorno fisiológico que haya podido desencadenar sus ictus, salvo una predisposición genética.
Debido a tantos años de desconocimiento de las causas de la epilepsia, la sociedad ha reaccionado siempre con un rechazo por las personas que la padecen, lo que ha llevado a considerar al epiléptico como alguien estigmatizado, añadiendo al tremendo padecimiento que puede ser sufrir esta afección, el hecho de sentirse menospreciado, aislado.
Hay acuerdo general en que una vez diagnosticado, el tratamiento farmacológico es indispensable en muchos casos, con un buen ajuste de las dosis. De hecho, hay personas que con un tratamiento con psicofármacos, controlan sus crisis y su vida se desarrolla con total normalidad.
Pero también hay conclusiones en la investigación sobre el beneficio que supone para un epiléptico recibir un tratamiento psicológico además del farmacológico.

¿Cómo puede ayudar la psicología a una persona con epilepsia?


Como arrojan los resultados de diversos estudios clínicos con pacientes epilépticos, esta enfermedad es percibida por las personas que la padecen como bastante incapacitante, particularmente en cómo afecta a las relaciones sociales.
El epiléptico, según los resultados de varios cuestionarios, se percibe como alguien sin sentido del humor, dependiente e incluso obsesivo en muchos casos. Pero también hay datos que nos indican que más bien es el aspecto estigmatizador de la enfermedad, así como la reacción de la sociedad en general, lo que más influye en la auto percepción que presenta la persona con esta afección.
Quizá si la sociedad durante siglos no hubiese reaccionado como lo ha hecho ante esta enfermedad y las personas que la padecen, los resultados habrían sido distintos.
Desde la psicología se puede ayudar mucho a la persona que padece epilepsia en cualquiera de sus manifestaciones. De hecho, una buena combinación de una dosis adecuada de fármaco y una intervención psicológica, producen mejores resultados y más duraderos que si solamente se aplica el psicofármaco. Es más, se han dado casos en los que el apoyo psicológico ha ayudado a reducir considerablemente la dosis de fármacos, con la consiguiente reducción de efectos secundarios.
No debemos olvidar que una persona que no se siente totalmente aceptada, acaba  evitando las relaciones con los demás, aislándose lo que, probablemente, perjudicará su salud tanto física como mental, pudiendo llegar a padecer trastornos como fobia social, depresión, distimia, ansiedad y otros trastornos emocionales.
El apoyo psicológico debe comenzar desde la infancia, en el hogar. Lamentablemente, la enfermedad es percibida como algo terrible cuando se diagnostica. Los padres se sienten culpables, incluso se vuelven sobreprotectores. Evitan comunicar, a veces, la enfermedad del niño, por el estigma que supone. También coartan la libertad del niño, ofreciéndole menos posibilidades de las que le ofrecerían si no tuviese la enfermedad.
Según varios estudios, no hay una correlación significativa entre padecer epilepsia y una alteración de la memoria y el aprendizaje, salvo la que pueda estar producida por las alteraciones neuronales que subyacen al origen de la enfermedad. De lo que se deduce que la pérdida de memoria es más bien subjetiva, quizá propiciada por las alteraciones emocionales que puede sufrir el paciente epiléptico.
Por lo tanto, ya en la niñez, hay que estimular al niño, presentándole un gran abanico de posibilidades en su vida y en su futuro, fortalecer su autoestima, entrenarle en habilidades sociales para enfrentar sus crisis en el colegio y en cualquier situación de su vida diaria, mejorando con todo ello su auto percepción.
Una de las técnicas que más ayuda al epiléptico es la relajación. Practicarla ya desde niño a diario ayudará a la persona a poder manejar mucho mejor los estresores diarios sin percibirlos como amenazantes, llegando a una alteración neuropsicológica que podría desembocar en una crisis. Cualquier clase de relajación será de gran ayuda: relajación muscular, entrenamiento autógeno, relajación diferencial, meditación…
Otra técnica que, aunque controvertidos, ha arrojado unos resultados prometedores ha sido el biofeedback, sobre todo en epilepsias de manifestación sensorial, como las que se producen si estimulamos con un flash luminoso.
Técnicas conductuales como la economía de fichas, reforzamiento positivo, etc., también han demostrado ser más eficaces unidas a los psicofármacos, que si sólo se recibe el tratamiento farmacológico.
La alimentación, el ejercicio físico, unos buenos hábitos de sueño, mantener una mente activa, también ayudarán, probablemente, a bajar la intensidad y la frecuencia de las crisis y, al mismo tiempo, evitarán trastornos cognitivos y emocionales.
En definitiva, una adecuada orientación familiar nos llevará a un entorno en el que no se sobreprotegerá al niño, se estimularán sus habilidades, se tomarán medidas contra el fracaso escolar, se le proveerá de recursos adecuados para la interacción social y, sobre todo, se le enseñará a confiar en sí mismo, a crecer con una actitud positiva y con motivación y llegará  a ver su enfermedad como una parte de su vida, no como un obstáculo insalvable.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.-
Freides, D. (2002). Trastornos del desarrollo: un enfoque neuropsicológico. Barcelona: Ed. Ariel.
Portellano, J.A. (2007). Neuropsicología infantil. Madrid: Ed. Síntesis.
Pinel, J.P.J. (2001). Biopsicología. Madrid: Pearson Educación, S.A.


Autorizo a compartir el contenido de este artículo, siempre que se respete su autoría.
Yolanda Flores García.



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12 comentarios:

  1. Muy interesante Yolanda, Me gustan mucho tus articulos nos enseñas mucho.Bsitoss

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  2. Gracias,Toñi, por leerme. Un besazo.

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  3. Muachsssss.....que bien escribes y detallas todo, muy interesante esta entrada.
    Quiero hacerte una pregunta el T.D.H se cura o puede llegar a tener mejoria? tengo una sobrina con esta o este síndrome no estoy segura bien ni como se escribe o que tipo de enfermedad es.
    Es lo último que le han diagnosticado, lo cierto es que estamos todos muy tristes.
    Un beso y felicidades por este magnífico blog.

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  4. Gracias, Inma. El Trastorno con déficit de atención e hiperactividad, que es a lo que corresponden las siglas que indicas mejora y mucho con tratamiento farmacológico y psicológico. Demostrado está que ambos en conjunto funcionan estupendamente. Ánimo, no os entristezcáis, que la niña tendrá una vida estupenda, ya lo verás. El apoyo de la familia es fundamental y conociéndote, sé que lo tendrá. Así que tendrá una vida plena, no lo dudo. Un beso y gracias por leerme.

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  5. Hola Yolanda. Gracias por aportar datos. Saludos desde Uruguay!

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  6. Gracias a ti, por leerme, Natalia. Saludos desde la provincia de Toledo al hermoso país de Uruguay!

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  7. buena noche que se podrá hacer con una persona epiléptica la cual se le olvidan las cosas muy rápido y se irrita bastante al grado de quererse fugar de todos los problemas y que actividad le recomienda ya que los medicamentos que toma al parecer no le hacen y quiere irse a un psquiatrico

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  8. Muchas Graciasss Yolanda que es muy interesante e ilustrativo. Agradecida por su ayuda! Saludos y bendiciones!

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. Yo tengo epilepsia y lo de ahi arriba.....no concuerda mucho.....

    A que ningun@ la teneis!!!!! Pues ibais a flipar segun despertais de un ataque...y eso cuando avisa....jaajajaja

    es muy dura...

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  11. Por experiencia propia esto está algo desactualizado, no creo que sea por rechazo social sino por sobreprotección parental y depende en que país, desprotección institucional, que devienen las consecuencias psicólogicas. En otro contexto histórico hablaríamos de rechazo social.

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    1. Tienes razón, puede que aún en algunas culturas menos desarrolladas exista algo de rechazo social. Pero en nuestro entorno habitual quizá sí es más la sobreprotección y sobre todo, la desprotección institucional. Gracias por el aporte. Saludos

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